Empezamos el 2026, el Año del Id, con el Encuentro de Padres e Hijos – Nacidos para el Altar

Vea como fue este encuentro realizado el pasado sábado 3 de enero.

EVENTOS

1/6/20262 min leer

“Este es el niño que yo pedí al Señor, y Él me lo concedió. Ahora yo, por mi parte, se lo entrego al Señor. Mientras el niño viva, estará dedicado a Él.”
(1 Samuel 1:27-28, NVI)

La Palabra de Dios nos presenta dos actitudes muy distintas frente al llamado divino y la responsabilidad espiritual dentro de la familia. Por un lado, Elí fue escogido por Dios para que su casa le sirviera, pero no supo honrar ni valorar el privilegio que había recibido. Su falta de corrección y dirección espiritual trajo consecuencias no solo para sus hijos, sino también para su legado.

Por otro lado, encontramos el ejemplo de Ana, una mujer que comprendió una verdad profunda: la mayor herencia que un padre puede dar a sus hijos no es retenerlos para sí, sino entregarlos a Dios. Ana entendió que su hijo no le pertenecía, sino que era del Señor, y decidió consagrarlo para que viviera conforme al propósito divino desde temprana edad.

Este mensaje fue el mensaje central del Encuentro de Padres e Hijos – “Nacidos para el Altar”, realizado el pasado sábado 3 de enero, un evento marcado por la presencia de Dios, la reflexión espiritual y el llamado a la consagración familiar. Fue un momento especial donde padres e hijos fueron confrontados por la Palabra y motivados a asumir su rol dentro del plan de Dios.

Al comenzar este 2026, declarado en la Iglesia Universal como el Año del ID, somos llamados a obedecer el mandato del Señor, a vivir una fe práctica y a formar generaciones comprometidas con el Reino. No se trata solo de creer, sino de ir, de actuar, de enseñar y de vivir el Evangelio dentro del hogar y en la sociedad.

📖 “Id, pues, y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.”
(Mateo 28:19)

Este nuevo año representa una oportunidad para renovar nuestro compromiso con Dios, consagrar nuestras familias y decidir, como Ana, entregar lo más valioso que tenemos al Señor. Porque cuando una familia vive para Dios, su influencia trasciende generaciones y cumple un propósito eterno.

2026: el Año del ID. Un llamado a obedecer, consagrar y hacer discípulos.